Los Bautistas

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Las iglesias bautistas o baptistas son un movimiento de iglesias cristianas, vinculadas por las creencias y la organización eclesiástica comunes. Según cifras de Pew Research Center en 2011, el movimiento cuenta con 72 millones de creyentes. 

 

Los bautistas enfatizan la necesidad de una fe personal y genuina en Jesucristo para obtener la salvación, ponen especial énfasis en el principio de la salvación solamente por medio de la fe y en la gracia divina para alcanzar la salvación. Además, hacen hincapié en la entrega personal del inconverso a Cristo y en su aceptación como Señor y Salvador del creyente. Estos requisitos básicos son suficientes para ser salvo y adquirir la entrada al Reino de Dios, pero los bautistas consideran necesario, para ingresar a la iglesia local, el bautismo del creyente, por inmersión completa en agua, como un paso de obediencia y no como requisito para obtener la salvación. El bautismo es precedido por una profesión pública de fe en Jesucristo como Señor y Salvador. 

Los bautistas reconocen solamente dos oficios ministeriales: pastores y diáconos. 

Aunque las iglesias bautistas son consideradas como iglesias protestantes por la mayoría de no bautistas, la mayoría de los bautistas repudian esta identidad, al no considerarse reformados, calvinistas o arminianos, sino solamente bautistas.

Con muchos nombres diferentes desde sus inicios, los que se identifican como bautistas concuerdan mucho en sus creencias y formas de adoración a Dios, así como en sus actitudes hacia los demás cristianos y su comprensión de lo que es importante en el seguimiento de Cristo.

Entre los bautistas hay muchos grupos e ideas. No es correcto generalizar indicando que todos los bautistas son salvos o de sana doctrina. Actualmente hemos visto como han surgido iglesias bautistas con doctrinas no bautistas. Tenemos reformados, pentecostales, carismáticas, sabatistas, unitarias… etc. Pero por la gracia de Dios, no son grupos que puedan confundir a los bautistas reales, tal como sí sucede con los evangélicos, que iniciaron con sana doctrina en algunos lugares, pero terminaron con un sincretismo de doctrinas difíciles de dilucidar.

¿Por qué se les llama “bautistas”?

Hay muchas historias alrededor del término bautista. El nombre bautista se originó con intenciones despectivas por parte de los detractores. Probablemente el término se usó por primera vez en el idioma alemán: Taufer, que en español es ‘bautista’, en el siglo XVI, para desacreditar al movimiento que se oponía al bautismo infantil, ya que los bautistas argumentaban que en la Biblia nunca fue bautizado ningún infante, sino solo aquellos que, después de haber creído al Evangelio de Jesús, profesaban la fe de Cristo. Un siglo después, en el siglo XVII, este nombre se usó en el idioma inglés en Gran Bretaña: baptist. El moderno consenso de los expertos de que el movimiento tiene su origen en el siglo XVII a través de los separatistas ingleses, la visión de que fue una consecuencia de la tradición anabaptista, la visión de perpetuidad que asume que la fe y la práctica bautista han existido desde los tiempos de Cristo, y la visión sucesionista, o “sucesionismo bautista”, que sostiene que las Iglesias bautistas existieron realmente en una cadena ininterrumpida desde la época de Cristo.

Ahora bien, es interesante que en el diccionario de la Real Academia Española (RAE) se utiliza un término para referirse a esta rama del protestantismo: baptismo. En España es usado en esta forma, pero en América el término aplicado es “bautista”. Se puede ver la distinción que se hace en España de “baptismo”, refiriéndose a la doctrina protestante; y “bautismo”, refiriéndose al sacramento católico. En América se utiliza “bautismo” para referirse al acto de sumergir, y “bautista” a la iglesia o persona que practica este bautismo por inmersión. 

Su sistema de Gobierno

El sistema de organización y gobierno de todas las iglesias bautistas es congregacional, lo que otorga autonomía a las iglesias bautistas locales, dirigidas por pastores formados en institutos bíblicos y seminarios propios de esta denominación, y teniendo anteriormente un llamado pastoral, el cual es avalado por toda la congregación o, en su mayor parte, por los miembros oficiales de la iglesia.